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Revolución de la silla. Las mejores versiones del mueble más rediseñado de todos los tiempos

¿Es la silla el mueble más reiventado de la historia? Lo es. ¿Es un objeto irresistible para reinterpretar por diseñadores de todos los tiempos? Claro que sí, para muchos es un auténtico feti...

¿Es la silla el mueble más reiventado de la historia? Lo es. ¿Es un objeto irresistible para reinterpretar por diseñadores de todos los tiempos? Claro que sí, para muchos es un auténtico fetiche. Y así lo demuestra la expo “Sillas: íconos del diseño moderno”, una celebración del ingenio humano que repasa su transformación. De las humildes y artesanales, a las ornamentales y abstractas. De las anónimas a las de autor, bastan apenas cuatro patas y una base que sirva de asiento para reflejar los cambios culturales, sociales y tecnológicos de cada época.

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Con más de 80 piezas de la Colección Alexander von Vegesack–Domaine de Boisbuchet, acompañadas de cerca de un centenar de catálogos y otros documentos originales, la muestra es una de las perlitas de la 7ma edición del Festival Internacional de Diseño de Madrid. Esta plataforma abierta, gratuita y colaborativa copa la ciudad hasta mediados de marzo y llena centros culturales, museos y espacios educativos de jornadas de encuentros aptos para todo público: estudiantes, profesionales, grandes y chicos que se asoman al poder transformador del diseño.

La silla como protagonista, fuente de apoyo y reposo, símbolo de estatus o página en blanco donde expresar la creatividad, fue uno de los testigos silenciosos de la evolución social. Curada por Guillermo Gil Fernández y Pablo Sevilla, jóvenes que se sientan firmes sobre la línea de tiempo histórica que revela innovaciones y alteraciones sobre el estilo de vida, la expo cuenta con una puesta escenográfica vibrante, ágil y dinámica.

“Las sillas no solo reflejan las necesidades prácticas y las posibilidades técnicas y materiales de cada tiempo y lugar, sino que también ejercen un papel importante como símbolos, como íconos capaces de encapsular los aspectos que definen la esencia de cada época”, definen Gil Fernández y Sevilla, durante la recorrida de la expo, en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, en Plaza Colón.

“Una máquina de habitar”, definen al dispositivo de madera, acero, plástico, mimbre. A las sillas funcionales, las ligeras, las hospitalarias, las de salas de espera o las de madera. Gestos que los curadores, en la piel de arqueólogos de un gran coleccionista, seleccionaron a partir de un relevamiento exhaustivo. La pasión por investigar los alcances de uno de los objetos más cotidianos partió de la compulsión aventurera de Alexander von Vegesack, fundador y ex director del Vitra Design Museum, un auténtico laboratorio de exploración sobre cómo el diseño le cambia la vida a las personas.

Alexander habilitó su trastienda y así surgieron joyitas originales de los siglos XIX y XX, como piezas de Michael Thonet, Charles Rennie Mackintosh, Mies van der Rohe, Marcel Breuer, Charlotte Perriand, Le Corbusier, Alvar y Aino Aalto, Charles y Ray Eames, Gaetano Pesce, Verner Panton, Frank Gehry o Philippe Starck, entre otros.

El fundador de Domaine de Boisbuchet, un centro creativo de residencias y eventos de arquitectura y diseño ubicado a 400 kilómetros al sur de París, jamás se quedó quieto en el mismo lugar. De sus exploraciones siempre volvía con objetos que funcionaban como el GPS de su memoria emotiva: una armadura de sus antepasados, una cafetera del ejército turco o, atención, un par de botas de trabajadores argentinos compradas en un mercado de pulgas parisino en los años ‘60.

“El diseño entendido como arte de lo útil se convirtió en pasión y vocación. Así surgió una colección en constante evolución que cuenta con 2000 piezas y cerca de 30 mil catálogos originales y publicaciones editoriales, la mayoría compradas en subastas”, señalan los curadores en la sala donde cada época está representada por una silla emblemática.

Del taller a la fábrica: Thonet es el punto de partida. El ebanista germano-austríaco Michel Thonet (1796-1871) introdujo una revolucionaria técnica para curvar la madera utilizando vapor. Esta innovación, patentada en 1841, permitió la producción a gran escala de muebles económicos que no tardaron en hacerse famosos. La icónica silla no. 14 (1860), se convirtió en un símbolo de la transición de la producción artesanal a la era del diseño industrial.

Thonet aplicó su ingenio y consiguió un avance revolucionario a partir del moldeado por vapor caliente. De fabricación y montajes simples, su apellido es sinónimo del boom comercial que sirvió como plataforma de lanzamiento a la compañía global. Celebrada por el arquitecto suizo Le Corbusier, la mecedora de 1860 o la silla con reposabrazos curvados fue reproducida hasta el infinito y más allá.

Esencia y ornamento: Estética y ética de una revolución industrial es el atajo para hablar, más bien repensar, el proceso de industrialización que marcó un punto de inflexión al transformar radicalmente los métodos de producción y de diseño. Del taller a la fábrica, la producción en serie multiplicó la oferta para satisfacer la demanda de la burguesía, que buscaba una estética funcional y despojada de decoración.

A fines del siglo XIX, surgió en Inglaterra una reacción artística y social contraria a la industrialización conocida como el Movimiento Arts and Crafts (Artes y Oficios). Liderado por figuras como William Morris o John Ruskin, este movimiento buscaba revitalizar las artes aplicadas, promovía la vuelta a los gremios medievales y defendía la importancia de los oficios y la calidad de los productos artesanales.

La silla como artefacto que trasciende el arte y el diseño le dedica un apartado especial a los primeros años de la Bauhaus, la icónica escuela alemana fundada en 1919 en la ciudad de Weimar por el arquitecto Walter Gropius, tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. Con el objetivo de crear “obras de artes totales para un hombre nuevo”, confluían la arquitectura, escultura, pintura, música, teatro y danza en diálogo con la ebanistería, cerámica, metalurgia o artes gráficas, entre otras.

“Se desencadenaron importantes transformaciones políticas, sociales y artísticas en los años posteriores a la Gran Guerra. El tren y el auto, la aparición de la radio y el cine fueron el marco para que maestros y alumnos de la Bauhaus buscaran la democratización del diseño para hacerlo accesible a un público más amplio”, señalan los curadores frente a la clásica silla Wassily de Marcel Breuer.

Otro clásico: la silla roja y azul de Gerrit Rietveld que en 1917, sin saberlo, diseñó lo que luego se consideraría la primera butaca moderna. Las líneas verticales y horizontales fueron parte del manifiesto del movimiento De Stijl, y los colores primarios, un tributo a las pinturas de Mondrian.

La máquina de habitar

Una casa es una máquina de habitar. Baños, sol, agua caliente, agua fría, temperatura a voluntad, conservación de los alimentos, higiene, la belleza de las proporciones. Un sillón es una máquina para sentarse”, escribía Le Corbusier (Towards An Architecture, 1927), sentando los principios de un estilo arquitectónico con foco en la funcionalidad, la simplicidad, la claridad.

En este sentido, los curadores españoles decidieron que el recorrido se detenga en sillas de acero tubular diseñadas por Mies van der Rohe, Charlotte Perriand o Mart Stam para acentuar el uso cotidiano. “Pero la llegada de la Segunda Guerra Mundial y las demandas de la industria armamentística pusieron freno a este desarrollo”, explican.

La sección dedicada al mobiliario hospitalario del Sanatorio de Paimio, proyectado por Alvar Aalto a principios del ‘30 es una de las joyitas de la muestra: el arquitecto finlandés investigó las necesidades de las personas afectadas por la tuberculosis y diseñó gran parte de los muebles considerados obras maestras de la arquitectura moderna. El precursor del diseño nórdico domina la sección titulada “Diseño que cuida”, donde se destaca un lavatorio curvo (para que el sonido del goteo del agua no molestara a otros pacientes), los sillones ergonómicos que ponen al paciente en el centro de la escena, contemplando confort, impacto sensorial y psicológico de los espacios y materiales.

“La naturaleza desempeñaba un papel central en su visión, por eso las formas orgánicas fueron una gran fuente de inspiración, que resultó en la integración de la arquitectura y el bienestar”, subrayan Gil Fernández y Sevilla, coordinadores del centro Domaine de Boisbuchet. Y agregan: “Los objetos diseñados por Alvar y Aino Aalto, con quien colaboró estrechamente en el diseño de muebles y objetos, nacieron la mayor parte de las veces como extensiones de su pensamiento arquitectónico y en paralelo con proyectos específicos, como en el caso del sanatorio de Paimio”.

El diseño late en el subsuelo del Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, una de las sedes donde se desarrolla el Festival Internacional de Diseño de Madrid cuyo lema, en esta edición, es Rediseñando el Mundo. “La ciudad es una comunidad en constante transformación. Aquí caben todos los acentos. La idea del festival es poner en valor la historia, la tradición ancestral y la transformación que suma el diseño”, expresó Álvaro Matías, el director del festival que recorrió junto a la prensa internacional las propuestas más convocantes que se desparraman por Madrid hasta mediados de marzo: 49 muestras, 757 profesionales involucrados y 255 actividades programadas integran la columna vertebral de la movida.

“Recorramos la historia del diseño industrial a través de la silla y pongamos cada una en su contexto”. El desafío llevó a Gil Fernández y Sevilla a rastrear entre el rock, la moda, las películas de Hollywood o la explosión de los electrodomésticos para delinear cómo influyó Estados Unidos en la estética que definía un estilo de vida, el famoso “american way of life”.

Así pusieron en blanco sobre negro las sillas emblemáticas de Charles y Ray Eames, asociados al movimiento Good Design. “Usaron nuevos materiales como plásticos, aleaciones de aluminio, fibra de vidrio y otro compuestos que transformaron la industria y marcaron el comienzo de una era de progreso material sin precedentes”, enfatizan los curadores.

Para representar al posmodernismo eligieron un cubículo que agrupa, sobre un piso en damero blanco y negro, una bombita de luz gigante “para representar la banalización del cambio de escalas”, dice Gil Fernández. Y además, la silla con respaldo triangular que popularizó Alessandro Mendini, el diseñador italiano autor del conocido sillón Proust, otro ícono reversionado cientos de veces.

También integran esta sección una miniatura de Frank Gehry; la Wiggle, que marcó un antes y un después, por sus curvas y la audacia ya que está materializada en cartón corrugado, un atrevimiento para la época (1972). Y otra silla, también en miniatura, que forma parte del dream team del museo Vitra; el taburete escultural W.W. en aluminio, firmado en 1990 por Philippe Starck. En este apartado que los curadores llaman “Se acabó la fiesta”, los años 90 figuran como testigos del auge de la globalización y de la expansión de la economía de mercado.

“Después de los excesos de los años previos llegó el retorno de la estética minimalista, que se caracterizaba por la simplicidad, la limpieza de líneas y la reducción a lo esencial. A medida que la conciencia ambiental crecía, también lo hacía el interés por la búsqueda de un diseño más ecológico y sostenible. Las nuevas tecnologías, como la impresión en 3D optimizó recursos materiales y transformó los procesos de fabricación”, dicen los curadores sobre las líneas complejas, aerodinámicas y orgánicas que definieron la estética de las nuevas formas de habitar.

La silla, artefacto milenario, protagonista del entorno doméstico, hoy se celebra en un festival internacional que la rescata entre las huellas del pasado para mirar hacia el futuro.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/revolucion-de-la-silla-las-mejores-versiones-del-mueble-mas-redisenado-de-todos-los-tiempos-nid24022024/

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